La rebelión de los comuneros en los Andes abonó el terreno para la lucha definitiva contra España

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Mapa de Mérida colonial. Colección Jesús Rondón Nucete. Imágenes cortesía de Néstor Abad Sánchez.

Uno de los episodios más determinantes del siglo XVIII, tanto para la metrópoli como para América, fue el cambio dinástico de la Corona española. Carlos III, rey de España, proveniente de la Casa de los Borbón, aplicaría una serie de reformas en las colonias americanas con el fin de obtener mayores beneficios económicos y políticos, no solo para tener el control político de las mismas, sino también para frenar el gran azote de las alforjas: el contrabando.

Frente a estas medidas, las clases oprimidas fueron rebelándose muy pronto desde Lima hasta Quito, desde Trujillo a El Socorro: los esclavos, campesinos, pequeños comerciantes, inclusive los blancos criollos. Más allá de las divisiones político-territoriales entre los virreinatos y las capitanías, los pueblos asentados a lo largo de la cordillera de los Andes, demostrarían que formaban parte de una región histórica: “una federación de revoluciones”, como diría Arciniegas.

EL SOCORRO: “¡ARRIBA EL REY Y MUERA EL MAL GOBIERNO!”

recuadro-comuneros1La rebelión comunera original tendría como epicentro central la ciudad de El Socorro (actual Departamento de Santander, Colombia). El 16 de marzo de 1781, sus habitantes protestarían contra las medidas implementadas por el régimen español. Allí tuvo importante papel Manuela Beltrán, quien bajo el lema “¡Arriba el Rey y muera el mal gobierno!”, rompería el edicto que obligaba a cancelar los nuevos tributos.

Este hecho se propagaría en varios rincones del Virreinato de la Nueva Granada convirtiéndose el movimiento en una verdadera fuerza popular, constituyéndose en un nuevo gobierno revolucionario integrado por los terratenientes Juan Francisco Berbeo y Salvador Plata, entre otros.

 

LA TRAICIÓN INEVITABLE

Ante el rápido avance de los comuneros, el gobierno de Santa Fe firma unas capitulaciones en la comunidad de Zipaquirá, en las cuales se aceptan casi todas las peticiones de los rebeldes.

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Detalle del billete peruano de 100 soles, puesto en circulación entre 1976 y 1985.

Pero estas eran letra muerta. Su aceptación solo era una estrategia para ganar tiempo y poder organizar la reacción contra los insurgentes. Con ellas el pueblo tomaba el poder central, liderado por el mestizo de origen pobre José Antonio Galán.

Pero, temerosos de que el movimiento se popularizara y sus metas se radicalizaran, los falsos capitanes Berbeo y Plata comienzan a negociar con las autoridades coloniales para frenar la sublevación, traicionando y entregando a Galán, el más popular y aguerrido de los jefes del movimiento comunero neogranadino, a los funcionarios españoles.

Sin embargo, las autoridades judiciales reaccionarían en contra de la sublevación, reduciendo pronto a todos los implicados. Con todo y esto, el movimiento cruzaría las fronteras hacia territorio venezolano.

EL MALESTAR LLEGA A LOS ANDES VENEZOLANOS

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Escudo de Armas de Charalá, pueblo natal de José Antonio Galán, el líder más fiel de los comuneros deEl Socorro

De igual forma que en El Socorro, el detonante del movimiento de los comuneros venezolanos fue económico: el cobro de nuevos impuestos y los estancos a los productos tales como el tabaco, el chimó y el aguardiente. Con esto, el Estado colonial se reservaba la comercialización y venta, prohibiendo su cultivo, de lo cual se exceptuaban los lugares avalados por el intendente.

Para ello, se adoptaron severas medidas de fiscalización, destrucción de siembras, decomisos, embargos de bienes e incluso la prisión de algunos productores. Y aunque la acción de los comuneros fue integrada y apoyada por sectores de todas las clases sociales, los que emprendieron la lucha fueron los pequeños agricultores, labradores y artesanos, entre ellos gran cantidad de mujeres dedicadas a la producción de tabaco.

recuadro-comuneros3LOS ANDES REVELADOS

Para junio de 1781, por Mérida y La Grita circulan los primeros panfletos que instan a la insurrección, en los cuales se dan vivas al rey y se culpa a los funcionarios adminis- trativos por los atropellos. Aunado a esto, desde Cúcuta y Pamplona llegarían a San Antonio del Táchira emisarios de los comuneros de El Socorro.

Esta confluencia de intereses impulsaría con más fuerza el levantamiento. Se suman a la lucha las poblaciones de San Cristóbal y Lobaterra, y logran tomar La Grita el 11 de julio, teniendo como líder a Juan José García de Hevia, designado como capitán general del alzamiento.

Entre el 15 y el 25 de julio tomarían Bailadores, Estanques, Lagunillas, El Morro, Acequias, Pueblo Nuevo y Ejido. El 28 de julio entran triunfantes a Mérida. Saben los rebeldes que es indispensable seguir llevando la insurrección a los pueblos vecinos. La meta era extender el movimiento hasta Trujillo, Barinas, e incluso Caracas. En este punto la alarma es tal que el gobernador de Maracaibo, Manuel de Ayala, y el de la Provincia de Venezuela, Luis de Unzaga y Amézaga, ordenan la salida de una expedición en contra de los comuneros reunidos en aquella ciudad.

EL CABILDO DE TRUJILLO SE OPONE

Tras la adhesión de la mayoría de las ciudades andinas, el cabildo y gran parte del pueblo trujillano prefirieron no sumarse a la insurrección e incluso amenazaron con enfrentarla y se declararon fieles a la Corona. Bien sabían los sublevados que el apoyo de Trujillo era clave para avanzar hasta Barinas y luego Caracas: sin ellos el movimiento perdería coherencia.

Liquidado el cabecilla mrecuadro-comuneros2áximo del movimiento comunero en el continente, Túpac Amaru II (José Gabriel Condorcanqui Noguera), el 18 de mayo de 1871 en el Cuzco, la rebelión que asumía fortaleza regional en la Nueva Granada había sido derrotada, y desde Maracaibo y Caracas se aproximaban contingentes militares para aplastar el levantamiento. En efecto, el miedo a la represión mermó el apoyo popular de la revuelta: deserciones y traiciones dieron fin al levantamiento.

CAPITULACIÓN DE UN MALESTAR

El gobernador de Maracaibo había prometido perdonar a los rebeldes si se rendían. Pero dudando de su palabra, los comuneros, tras su rendición en el mes de octubre, resolvieron huir a otras regiones de Venezuela e incluso a la Nueva Granada.

Para junio de 1782, se comenzaron a abrir expedientes a los líderes implicados en el movimiento. No obstante, el 6 de agosto de 1782, el virrey Caballero y Góngora concede el indulto a todos los comuneros, siendo ratificado por otro del propio rey Carlos III el 31 de enero de 1783. Así concluían las jornadas heroicas de los comuneros venezolanos; sin el terreno abonado por ellos, difícilmente se comprenda la rápida incorporación de los pueblos andinos a la lucha independentista del siglo XIX.

T/ Osman Hernández

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