El destino de los restos de Zamora es un acertijo sin resolver

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Monumento A los grandes servidores de la Federación. Colección Panteón Nacional.

El asesinato del General en Jefe Ezequiel Zamora, justamente cuando su liderazgo se consolidaba, es un hecho marcado por la incógnita que genera el que no haya certeza de quién lo mató, quién ordenó su muerte o si solo se trató de un “blanco fácil” -lo que despertó y sigue despertando suspicacias, algunas sin asidero real. Pero la incógnita va más allá: tampoco se conoce el verdadero destino de sus restos, que, como se mostrará en este artículo, no son los que están en el Panteón Nacional.

LOS HECHOS

El General del Pueblo Soberano estaba apenas a 22 días de cumplir 42 años cuando aquella bala cortó su carrera militar y cambió el curso de una guerra que dejó de serlo en el sentido militar del término, pues quedó reducida en una constante batalla de montoneras y pillaje.

Corría el 10 de enero de 1860 y Zamora –que se encontraba en la Iglesia de San Juan de la ciudad de San Carlos– había ordenado a sus edecanes Guzmán Blanco y J.M. Montenegro ir a la casa de enfrente a hacer dos averiguaciones que para él era imprescindible saber: quién era comandabael ejército enemigo y cuántos soldados defendían la plaza. Al ver que tardaban en volver, salió del templo e hizo el mismo recorrido de ellos a través de boquetes abiertos en las paredes de varias casas, con el objeto de cerciorarse de lo solicitado.

Además de buscar a sus edecanes, Zamora se disponía a supervisar la construcción de una trinchera. Según un testigo presencial, cuando se detuvo a inspeccionar los trabajos, quedó “dando el frente precisamente al enemigo que se encontraba en las torres de la Concepción, como de dos o tres cuadras de distancia por elevación”. En ese momento, “improvisamente, fue herido, cayendo su cuerpo en este lugar, de donde lo recogieron sus edecanes, y pasándolo por el agujero abierto lo llevaron a la casa de la familia Acuña…”

De acuerdo con este testigo, Zamora, era un blanco obvio: era conocido, estaba al descubierto y era el único de uniforme. En su testimonio afirma que el balazo penetró por la parte inferior del ojo derecho con orificio de salida en la base del cráneo, lo que certifica desde dónde se hizo el disparo.

El líder popular falleció luego de agonizar unos minutos, y fue sepultado en la madrugada del día siguiente en el solar o patio trasero de la casa. Así, terminó la vida de Ezequiel Zamora, cuyos restos, no tendrían la paz de una sepultura digna por mucho tiempo.

DOS VERSIONES DE UNA EXHUMACIÓN

Durante mucho tiempo pareciera que nadie se preocupó, por los despojos de aquel militar y terminada la Guerra Federal, cada quien se ocupó de asegurar su triunfo y su posición política y el “Valiente Ciudadano” fue olvidado.

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Henrique Avril, Sitio donde sepultaron al General Zamora, circa 1897. Colección Archivo Audiovisual de la Biblioteca Nacional.

Sin embargo, dos versiones de la exhumación de su cadáver han llegado a nuestro tiempo: una repetida por los distintos testigos del hecho, y la otra, como parte de sus “memorias”, la de uno de los sospechosos tradicionales del homicidio (aun cuando no hay asidero alguno para ello), nada menos que el ya General en Jefe y Expresidente de la República, Antonio Guzmán Blanco, por ser parte importante del asunto que ocupa este artículo pasamos a exponer ambas versiones.

Para finales de 1867, el país estaba sumido en el desorden y los enfrentamientos, el General José Tadeo Monagas, a principios de 1868, escribe un manifiesto en el que expresa su descontento por la situación y se alza en armas en lo que denominó la “revolución reconquistadora”, popularmente llamada “revolución de los azules”.

Ya terminando el año, una división al mando de su hijo José Ruperto Monagas, toma la ciudad de San Carlos. Dos de sus generales, Desiderio Escobar y Ramón García, compañeros de Zamora en la toma de la ciudad años antes, deciden ubicar y exhumar los restos.Su intención era llevarlos a Caracas y rendirles los honores póstumos que merecía.

Al llegar, inquirieron al dueño de casa para que les indicara el lugar y, una vez en el sitio, procedieron a desenterrar los restos. Certificaron que era Zamora por el hoyo de en- trada y salida de la bala, colocaron los restos en un ataúd y salieron rumbo a Barquisimeto. Esta exhumación no se hizo en secreto: varios los militares estuvieron presentes en el acto –entre ellos Manuel Landaeta Rosales– y dieron fe en varias oportunidades de que aquellos restos eran efectivamente los del General del Pueblo Zamorano.

¿SE QUEDARON LOS RESTOS EN LOS TEQUES?

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Martin Tovar y Tovar, Ezequiel Zamora, 1874. Colección Instituto Autónomo Círculo Militar de las Fuerzas Armadas.

Ya en Barquisimeto, Escobar y García emitieron un manifiesto que fue publicado en los periódicos del momento. En se documento informan al país: “Como una muda protesta contra la ingratitud de aquel Gobierno, resolvimos e inmediatamente llevamos a efecto, la exhumación de aquellas venerables cenizas (las de Zamora), que con todo el respeto a que ellas son acreedoras, tenemos el honor de ofrecer a la gratitud nacional. Barquisimeto, setiembre 23 de 1868.”

Las reacciones no se hicieron esperar, y las dos hermanas del finado, Genoveva
y Raquel Zamora, expresaron por escrito su gratitud por la justicia del hecho y el Gobierno Nacional presidido por el Dr. Guillermo Tell Villegas, como Primer Designado, emitió un decreto en Febrero de 1869 el cual se dictaban los honores correspondientes a los restos de Zamora y acordaba una comisión que iría a La Victoria para conducir “la urna que contiene los restos del Valiente Ciudadano”.

La comitiva con los restos hizo viaje a Valencia y La Victoria, donde fueron recibidos con los honores correspondientes, hasta llegar a la ciudad de Los Teques. ¿Qué pasó allí? ¿Por qué quedaron en esa ciudad los restos? No hay noticia de la razón. El hecho es que los restos de Zamora llegaron a esa ciudad escoltados por el presbítero doctor Bernardo Larrain, quien traía un oficio del arzobispo Silvestre Guevara y Lira en el que autorizaba al cura y vicario de Los Teques para recibir los restos y custodiarlos en el Templo de San Felipe de Neri –hoy Catedral de Los Teques– en la urna en el que se encontraban, sin darles sepultura, “hasta otra determinación que se comunicará a Ud. oportunamente, recomendando a usted procure, en cuanto sea posible, sean custodiados, mientras tanto, en un lugar decente y adecuado con el respeto que corresponde.”

Llegados los restos, seguidamente se extendió un acta en la que se certifica la entrega de los restos, previa inspección, y luego de reconocer que era Zamora, se destinó para su reposo provisional, el bautisterio de la Iglesia como “lugar decente y seguro para depositarlos…”.

Allí quedaron, en la Iglesia de San Felipe de Neri de Los Teques, solo que nunca se pusieron a resguardo en el Bautisterio, como había quedado acordado sino que fueron puestos en la sacristía donde, según testimonio del general Manuel Landaeta Rosales, aún se encontraban en 1894, pero después, en un segundo viaje, ya no los vio allí…

VERSIÓN DE GUZMÁN BLANCO

Por otra parte, en 1894, el General Antonio Guzmán Blanco, que se encontraba en París, publicó, como parte de sus memorias, una exposición en la que explicaba su versión de muerte y destino de los restos de Ezequiel, no con el ánimo de “terciar en la materia, sí para que se sepa bien sabido, como acaeció la inmensa desgracia de San Carlos…”

En esta “memoria” Guzmán explica cómo acontecieron los hechos que terminaron con la vida del General, y acerca de la exhumación de los restos dice:

“Algunos años después del triunfo de la federación, normalizada la Republica y siendo Presidente, me traslade expresamente á la histórica San Carlos; extraje los restos de la sepultura ya descrita, le hice al héroe una solemne Apoteosis en Caracas, y deposité sus cenizas en el Panteón Nacional, donde reposa desde entonces, el gran Zamora entre losGrandes Servidores de la Patria. Es copia: Guzmán Blanco.”

En otro escrito posterior, el general Guzmán afirma que él mismo “exhumó, depuró y depositó con sus propias manos en una caja, las cenizas que encontró en la misma sepultura donde diez años antes había enterrado al glorioso jefe…”

Ciertamente, no fue felizmente recibida esta aclaración del Ilustre Americano contenida en sus memorias. Su versión fue fuertemente criticada y una lectura de ambos textos revela una clara intención de colocarse en “primera fila” de los hechos y darle un aire “heroico” a su actuación en los hechos, más que resolver la controversia de la identidad de los restos depositados en el Panteón Nacional.

LA CONTROVERSIA DE LANDAETA ROSALES

Entre los que contradijeron los recuerdos del Guzmán Blanco, estuvo el General Manuel Landaeta Rosales, probablemente uno de los pioneros en la investigación histórica en archivos y testigo presencial de los acontecimientos de 1868.

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“Iglesia de la Santísima Trinidad”, en Henrique Neun, Álbum de Caracas y Venezuela, Caracas, Litografía de la Sociedad, 1878.

Este realizó un trabajo en el que, demostró con evidencias documentales y testimoniales, que los restos que le fueron entregados a Guzmán Blanco, no eran los de Ezequiel Zamora, y desmontó cada uno de los argumentos esgrimidos por el expresidente. Este trabajo fue publicado por los periódicos de la época y recopilado por su propio autor en 64 folios que reposan en su archivo.

Sin embargo, queda una pregunta por responder: Si los restos de Zamora están sepultados en algún lugar de la hoy Catedral de Los Teques, ¿de quién son los restos sepultados en el Panteón Nacional? ¿Cómo pudo pasar semejante error?, la respuesta la da un sobrino del finado, el general Luis Caspers Zamora.

Caspers Zamora afirma que Guzmán Blanco –que nunca estuvo en San Carlos en aquella ocasión–, les ordenó a él y al doctor J.M. Montenegro que fueran a San Carlos a realizar la exhumación y le llevaran los restos, con el fin de trasladarlos a Caracas. Ellos, por equivocación buscaron en el solar equivocado, donde según el dueño del sitio, había otros enterramientos y extrajeron restos unos que no eran de Zamora.

Esos vendrían a ser los restos que finalmente recibió Guzmán Blanco. El sobrino de Zamora explica que “habiéndole (él) o el doctor Montenegro, observándole a Guzmán, que por el estado en que encontraron el cráneo no era posible comprobar la herida del ojo, contestóles aquel con acento de plena seguridad: Precisamente eso es lo que evidencia, sin duda alguna, que esos son los restos de Zamora, pues el balazo a (sic) debido producir esos efectos”.

En Puerto Cabello tomaron una embarcación hasta La Guaira, donde esperaban los restos José Tadeo Monagas y el general Bruzual, y de allí, con toda pompa, fueron conducidos a la Iglesia de la Santísima Trinidad, que aún no había sido erigida en Panteón Nacional.

Todo parece indicar que el asunto quedó allí, ninguno de los presidentes que siguieron se ocupó del asunto de los restos de Zamora, que volvieron a ser olvidados.

LA INVESTIGACIÓN DE CIPRIANO CASTRO

En 1904, con motivo de un viaje a la ciudad de San Carlos, el entonces presidente Cipriano Castro, llevó a cabo una investigación del asunto, que aún para su momento seguía levantando sospechas. Para aclara el misterio se dirigió al lugar de los hechos. Estuvo en el sitio del asesinato y entierro de Zamora, entrevistó a los testigos supervivientes del evento, recabó toda la información y con ello elaboró un escrito el cual, fue enviado a la Academia Nacional de la Historia en Caracas y dedicado a ella, además de ser publicado en el periódico El Constitucional el 2 de julio de ese año.

En reacción, una lluvia de correspondencia de muchas personas, incluyendo familiares supervivientes del general Zamora, llegaron al Palacio en apoyo del escrito. Entre los que escribieron estaba el porpio Manuel Landaeta Rosales, que aún vivía. Felicitó a Castro y puso a su disposición su archivo para confirmar más sus afirmaciones. Toda esa correspondencia se encuentra hoy custodiada en el Archivo Histórico del Palacio de Miraflores y fue oportunamente publicada en su boletín.

CONCLUSIONES

A manera de conclusión y a la vista de la evidencia es posible afirmar que: el General en Jefe Ezequiel Zamora Correa murió de un tiro en la órbita inferior del ojo derecho con orificio de salida por el hueso occipital; que era una presa fácil del enemigo pues era el único que vestía de uniforme de General en Jefe, muy vistoso, (pantalón, casaca y kepis); que sus restos fueron exhumados por los “azules” en 1868 y llevados de manera pública y notoria, hasta la ciudad de Los Teques, que una vez allí y con autorización del Arzobispo de Caracas fueron depositados en custodia temporal en la Iglesia de San Felipe de Neri, donde todo parece indicar que aún permanecen.

Este asunto es público y notorio desde hace años, entonces, ¿por qué los restos de Zamora siguen en Los Teques?, ¿Qué sucedió que Castro no hizo las gestiones para su ubicación y traslado a Caracas?, ¿Por qué ningún Presidente, asociación, fundación o academia ha hecho gestiones para encontrar los restos del General del Pueblo Soberano? Falta poco más de dos meses para los 200 años del nacimiento de Zamora. Buen momento para despejar las dudas.

T/ ƒƒMarcos Antonio Aguilar

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